En la Granada del siglo XVII, una Granada viva y rica, habitada por personas altruistas y por ciudadanos comprometidos con lo público y con la sociedad, nace un Colegio Mayor que, aún hoy día, recibe año tras año a jóvenes ilusionados que se incorporan a la Universidad de Granada, que fundara el Emperador en 1531.

Un abogado de la Real Chancillería de Granada, el Caballero Veinticuatro Don Diego de Ribera, dejó establecido en su testamento (en 1611) que con parte de sus bienes se fundara un Colegio en la Universidad de Salamanca que, por determinados avatares y generosidad de quienes habrían de ser sus rectores, se estableció finalmente en Granada, en una casa del propio Don Diego situada en la calle de San Jerónimo, muy próxima a la Universidad. Así, aunque fundado en 1642 y aprobadas sus Constituciones años después, en 1649 abría sus puertas el Colegio de Santiago. Pero no fue mucho el tiempo que este Colegio, regido por los jesuitas, desarrolló su labor en cuanto tal, porque apenas cincuenta años después, se fusionará con otro, el Colegio de San Bartolomé, debido a la decisión de un comerciante genovés, Bartolomé (Lomelin) Veneroso, el propietario de la casa solariega de la calle de San Jerónimo de Granada (la calle de los palacios renacentistas), que al llegar a este ciudad con su hermano, desde Italia, la había comprado a Don Gonzalo Fernández de Córdoba. Murió Don Bartolomé y dejó igualmente establecido en su testamento el destino de sus bienes que irían, caso de que quedase extinguida su descendencia por el vínculo que estableció, a, entre otras cosas (una sala en el Hospital de San Juan de Dios, el retablo de la Iglesia de la Compañía de Jesús...) dotar un Colegio de estudiantes, unido de igual modo que el de Santiago, a los jesuitas y "quiero que la advocación sea del Bienaventurado Apóstol San Bartolomé y en su día se haga una fiesta y el día de los Difuntos se diga una Misa cantada con su Vigilia, y en ambas cosas asista todo el Colegio y se les recuerde rueguen a Dios por mi alma".

Por diversas causas, de variada índole, se decidió unir éste que habría de ser nuevo Colegio, con el existente de Santiago, instalándose en la casa de Veneroso. Tuvo lugar la fusión y, en acto solemne, los Colegiales del Santiago aceptaron por escrito como cofundador a Don Bartolomé Venenoso y reconocerlo como tal en los actos públicos. Había nacido un Colegio "copulativo e indiviso" compuesto por el antiguo de Santiago y el nuevo de San Bartolomé (siendo cofundadores Veneroso y Ribera): el Collegium sanctorum Apostolorum Bartolomei et lacobi majoris, en 1702. El viejo Colegio de Santiago seguía existiendo y con nueva denominación oficial, cuando se hablara (como se ha hecho a través de los siglos) del Colegio de Santiago, la referencia -está hecha- al Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago, cuyo lema fundacional se resume en la necesidad de formar hombres buenos para la Iglesia y útiles a la cosa pública. Su escudo, desde entonces, une los emblemas de las dos casas fundadoras (el cuchillo -instrumento del martirio de San Bartolomé-, junto a la flor de lis, de los Veneroso -que puede verse en el claustro noble-, junto a la cruz de Santiago y las barras verdes de los Ribera). Así está en la Beca azul distintiva de los Colegiales mayores.

Desde entonces, en el palacio de San Jerónimo, en cuya fachada se encuentran las estatuas de los dos Santos, en una hornacina, tiene su sede el Colegio y su patio, con peculiar claustro sostenido por columnas de mármol, es la entrada principal del (ya ampliado y remozado edificio a lo largo de los años) hogar de decenas -hoy casi centenar y medio- de estudiantes, llegados de todos los rincones de España (y del mundo) para convertirse en estudiantes de esta muy prestigiosa Universidad de Granada.

En estos tiempos, el Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago, anda de fiesta recordatoria y conmemorativa, puesto que fue en el curso 1649-1650, hace exactamente 354 años, cuando en él entraron los primeros Colegiales (10) siendo el primero de ellos Don Juan de Leyva, que llegó a ser Capellán Real de Granada y Obispo de Almería, cuyo retrato se conserva en el Colegio. Tras él han sido miles los Colegiales que han pasado por el Mayor a lo largo de estos tres siglos y medio y citar a Cardenales, como Belluga y Orbe; a poetas como Bernardo López o Manuel Seijas Lozano (también ministro), a políticos como el Conde de Ofalia, Ríos Rosas o Don Natalio Rivas; a filósofos como Orti y Lara; a literatos como Ruiz de la Vega o Don Eugenio Selles; o a personajes como el Marqués de Salamanca,... parece inapropiado por tantos como merecen ser relatados. Obispos, políticos, militares, Virreyes, Rectores de Universidad, catedráticos y profesores, Diputados, senadores, Presidentes de las Cortes, del Parlamento de Andalucía, profesionales... de ayer y de hoy (baste recordar como curiosidad que, de igual modo que el Colegial Don Narciso de Heredia -Conde de Heredia y de Ofalia- fue Consejero de Estado, hoy día, en los albores de este siglo XXI, el Dr. Manuel Albadalejo y el Dr. Díez de Velasco, Superior uno del Colegio, residente otro durante más de un año -ya licenciado-, ocupan su sillón en la misma institución, junto a Don Miguel Vizcaíno Márquez, dos veces Colegial (como alumno de Bachillerato y, luego de la Facultad, hoy Colegial de honor). El Consejo de Estado, como tantas instituciones, nos parece por eso tan próximo (y más en esa fotografía, con los tres compañeros togados y un título "Tres santiaguistas en el Consejo de Estado", que nos hace llegar Miguel Vizcaíno). El Colegio ha visitado, en este sentido, el Consejo de Estado en varias ocasiones y ha entregado su medalla a la institución.

En la historia del Real Colegio, el de mayor antigüedad de los que continúan abiertos desde su fundación (baste recordar que en Granada todos los demás son de este siglo), se escriben aún sobre él (en el siglo XXI) destacadas obras: la de Martínez Lumbreras, de los años 20; la importantísima de María José Osorio Pérez, tras su tesis doctoral que permitió la ordenación del Archivo; la de Calero Palacios, sobre las primeras Constituciones; y otros estudios: Torres Campos, Oriol Catena, Gaszulta López, Díaz Trechuelo...

En estos años, desde el curso 1999-2000 hasta el curso 2002-2003, el Colegio festeja la entrada de su primer Colegial el 20 de Noviembre de 1649 o la fusión del de Santiago con el de San Bartolomé en 1702, lo que dio origen a que la calle en la que se establecieron ambos recibiera el nombre, que hoy tiene, de calle Colegios, que se debe a esa y no a otra circunstancia. Numerosos actos, visitas, actividades, viajes... servirán como recuerdo y homenaje al pasado, pretexto para llevar a cabo una completa actividad cultural, formativa y humana de los Colegiales, puesto que, como tantas veces hemos repetido y en esta ocasión habremos de hacerlo, con ser importante la relación de Colegiales que por el Colegio han pasado, con admirarnos de su patrimonio (biblioteca, capilla, salas...), con impresionar su edificio (que, poco a poco se adapta a las necesidades), o el prontuario de Colegiales de Honor, que sobrecoge, lo más importante no es su pasado, sino su presente y su futuro, los Colegiales que están residiendo en él este curso y los que lo harán en los próximos y que andan y andarán, de fiesta por tanta celebración. La riqueza del Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago de Granada, que celebra el 350 Aniversario de la entrada de su primer Colegial, es una riqueza humana, antes que nada.